DAVID RODRÍGUEZ JIMÉNEZ-MURIEL
14 DE MARZO DE 2009
Empecé a leer la historia
de tu hechura legendaria,
tus glosas en los legajos,
épocas que amasaban
los desvaríos devotos
que postraron a tus plantas
las pistas que se siguieron
en Iglesias trinitarias,
la anónima y convincente
mano que te tallara,
atribuciones solventes
a los Mora o a su saga,
leyendas de ensoñaciones
de una monja que esperaba
verte, para comprobar
que de ti no se trataba.
Te he buscado siempre y cuando
la suerte me procuraba
encontrarme con las puertas
de tu Iglesia preparadas,
permitiéndome adentrarme
al interior de esta Casa;
y me he estrellado de bruces
con la solemne prestancia
del porte cautivador
con que esperas, nos asaltas,
nos sobrecoges, nos ciñes,
nos vences y nos desarmas.
A tus pies, junto a tu paso
mientras la calle tomabas,
no sé si tal vez el sol
era el que te iluminaba
o por contra era tu luz
la que al mismo sol cegaba...
...No sé si al ser primavera
o porque en la calle estabas,
la ciudad nos parecía
distinta y transfigurada.
Te decía: junto a tu paso
y entre las dos cataratas
de granadinos, preñados
de amores hacia tu estampa
(que tomaban las aceras
y hasta embebían tu plaza)
procedía al más bonito
ritual. Protagonizaba
una escena con mi hermano
que en mi memoria grababas
mientras de una mano a otra
pasaban nuestras medallas.
Yo a tus pies, Tú ya variando,
tu cruz de guía avanzaba;
tus nazarenos teñían
del color de la escarlata,
las viejas calles históricas
de Magdalena hasta Gracia.
Yo me quedaba en tus ojos,
me perdía en tu mirada,
me asía con fuerza filial
a tu Imagen... Te marchabas...
Mi hermano hacia San Antón
buscando cruces de plata.
Te nos ibas ya de frente.
Yo hacia Santiago tomaba.
Y Tú, Señor Poderoso,
como abrigo en la bocana
dejabas claro, muy claro,
que Dios, por nuestra Granada,
la noche del Lunes Santo
sobre un paso caminaba.
*Queridísima Comunidad Agustina de Santa María Magdalena.
*Orden de la Santísima Trinidad
*Señor Hermano Mayor y Cabildo de Oficiales de la Cofradía del Señor del Rescate
*Hermanos...
...“que la medida del amor, sea amar sin medida” (San Agustín, Padre y Doctor)
No suenan igual estas palabras en otro sitio que no sea el de mi casa. Porque un hijo de la Orden de San Agustín como este pregonero, cuando pisa los espacios que preservan la carga espiritual del Obispo de Hipona se siente en casa, se impregna con el mensaje de “La Ciudad de Dios” y le viene a la memoria que justo en este momento, por darle hasta más fortaleza a su sentido agustiniano, el mismísimo Cristo de San Agustín, Sagrado Protector de Granada, culmina el ejercicio de su piadoso Quinario.
Y entre el Señor de San Agustín y el Venerado, el Amantísimo, el Excelso Cautivo de este pueblo nuestro, que eres Tú, Cristo de la Santísima Trinidad, sucedía siempre lo que acabo de contarles entre versos. Siempre, el que hoy mismo cumple años y yo saludo desde mi devoción de hermano, Paco Estarli, partía nada más salir esta Hermandad por la puerta de su casa, camino de San Antón. Entonces nos ocupaban tareas informativas que hoy pagamos todos para que sigan siendo el podio del monopolio y el oprobio de la progresía que castiga a la Iglesia. Tranquilos, que Dios proveerá...
Entonces, Tú Rescate eras testigo fiel y actuabas de “Sagrado Veedor”, ante nuestro gesto y bendecías el trabajo de uno, y la labor costalera del otro, de suerte que permanecerá indefectiblemente unido a mi memoria tu salida, por siempre, mientras mantenga un ápice de cordura y siga en mí esos instantes en los que yo sacrificaba el delicioso deber de participar en mi Estación de Penitencia por un color naranja que pagan los traidores, y al menos, me quedaba el sabor único de tu elegantísima compostura de Cristo Salvador de los granadinos.
Y es que, he dado ya diez vueltas a la iconografía del Cautivo por media España, y sigo sobreentendiendo que no hay un Señor que pueda hacer sombra a la calidad artística y a la meritoria expresividad estética de este Cristo nuestro de la Magdalena; y no sombra, sino proximidad. Con todo, es una Imagen de tan soberbio y aceptado mérito, que los ciudadanos lo han hecho suyo. En buena parte, culpa positiva de una Hermandad como la suya, que siempre es agradable en todo círculo cofrade. Cada uno podrá tener su devoción, sabrá a que Imagen Sacra orar, ante qué Divino Simulacro postrarse, pero en el fondo, todos guardamos un extraordinario aprecio de devoción por Ti, Señor de Gracia, Señor del Cautiverio, Cristo de la Magdalena.
Ante Tallas de la conmoción ferviente que produce esta, de poco sirve pregonar nada, que el mejor orador aquí es Él mismo. Mas estoy convencido de los empeños de su Cofradía por aumentar la devoción y cumplir los designios a los que nos empuja nuestra Iglesia. Y creo, sinceramente, que es hora de que este pregonero les haga pensar por un momento, que la absoluta virtud de la Hermandad pasará por el Culto público, privado y procesional, de una Imagen de María Santísima que si no a la altura, que es pedir casi un imposible, pueda convertirse en la Madre de Rescate y Señora de la feligresía. En el feudo de María, que hasta el mismo Papa así la llamó, se nos hace difícil no tenerla presente a cada momento. No son peticiones que se dicen, y ya está. Hermanos de la Junta de Gobierno, queridísimos amigos oficiales, que lo sois y así me lo habéis demostrado con largueza: la Madre de Dios es piedra angular y cimiento absoluto del cofrade andaluz, y aunque no nos haga falta, porque de sobra tienen los hermanos con una Obra del bendito empaque de la vuestra, tal vez sea hora de plantearse de nuevo que todo fomento y empuje a la devoción popular, es una conquista de fe. Yo, si cuento con vuestra venia, así os lo pido:
María, no tardes, vente
que no puedes ser extraña
en una ciudad como esta
donde todo lo comandas,
lo gobiernas, lo diriges,
lo sustentas y lo agrandas.
María, si sólo el nombre
que te pusiera Santa Ana
es un bálsamo poético
construido con metáforas
que te define y presenta
como primera cristiana,
como escogida del Cielo,
como sin mal y sin mancha,
como tallo virginal
toda virtud y sin falta.
María, ven, llega, acude,
que si te quedas nos ganas
que por algo eres modelo
de la condición humana.
La criatura perfecta
que Dios colmó de su gracia;
la Única que a los cielos
subió en cuerpo y en alma;
la que llaman sin mancilla,
la que no nos desampara;
la más leal mediadora,
la valedora de España;
la Princesa de la corte,
de Santos, Mártires, Beatas,
serafines, potestades.
¡El Arca de la Alianza!
Ven pronto. María, ya:
Estrella de la mañana,
“Consolación” agustina
“Amargura” judaica,
“Luz” del Zaidín que te abrasas
en “Dolores” y plegarias.
¡Oh Auxilio, Oh Salud!
del que está enfermo y se sana
junto a “Angustias” que sin duda
es la mejor ciudadana
de la ciudad y su área.
Vente ya a la Magdalena.
Colócate en unas andas;
deja que el gusto prioste
de esta Hermandad te haga
un palio azul trinitario
con cornisa plateada.
Un bosque ardiendo de cera
consumiéndose a tus plantas,
un jardín sólo de ofrendas
de la feligresía de Gracia,
con moldurones canescos
como los de la portada
y aumenta las devociones,
que aunque tu Hijo se basta
viviendo donde vivimos
en esta Noble y Mariana
tierra que te pertenece...
...Vente María y alcanza
convertirte en Titular.
¡Y hazlo pronto, SOBERANA!
Estoy convencido que los cofrades de Granada no hemos terminado de entender que el único esplendor posible en el seno de todas y cada una de nuestras Hermandades, sin lugar a dudas, sin que quepa ambages posibles, es el peso de la devoción, otorgada a unos Sagrados Titulares que el esplendor de una gubia y el mimo de los años han terminado por convertirlos en auténticos pilares de la fe católica, de suerte que en Ellos se cumple las palabras de San Juan el damasceno: “son el catecismo de los que no leen”.
A estas alturas, con posturas cada vez más laicistas, aunque aún queda atisbos de cordura en políticos como el alcalde de Zaragoza, que está demostrando ser un verdadero caballero, alguien con una postura lógica extraída de la cultura, el servicio de las Hermandades a los fines evangélicos y a la propagación del mensaje de Cristo se viste con la más fiel de las vestiduras.
Más si cabe aquellas hermandades que veneran con la pasión filial de generaciones enteras, a Piezas capitales como esta nuestra del Señor de la Magdalena. Él sólo bastaría para que mereciese la pena que el Concilio de Trento impulsara la gestación de las manifestaciones de fe públicas. Él sólo bastaría para lograr las mejores excelencias turísticas de nuestra fiesta devocional y grande. El sólo bastaría para mover las conciencias de cuantos en su nombre, llevan hasta los extremos la sana disposición del cofrade. Por ello, hoy le pido a Él que volvamos a buscar en los legajos antiguos y en los documentos que el tiempo nos brindó, y así dilucidemos sobre el verdadero sentido de Hermandad. Yo, la disfruto más en los pequeños e intrascendentes momentos de una tertulia entre hermanos que en la mismísima Estación de Penitencia. Es el momento de que todos llevemos la barca en idéntica dirección. No de enzarzarse en disputas de aquellos que quieren salir invictos de no se sabe bien qué entuerto dialéctico. Ojalá algún día, el pregonero pueda decir que somos más hermanos, menos cofrades:
Como si Tú lo quisieras
o acaso te hiciera falta.
Esos títulos se inventan,
se cuestionan, empalagan,
traicionan a las verdades
y se importan para nada;
porque no te harán justicia.
Y tampoco te hacen falta.
Basta ya de esas lisonjas
tan hueras y encontradas
que a mi Señor del Rescate
jamás le han hecho falta.
Que este Cristo centenario,
por encima de esas chanzas,
no necesita que nadie
lo llame Señor de Granada.
Tiene la historia a sus pies,
las devociones ganadas,
sus monjitas agustinas,
el esplendor de esta “Casa”,
la aureola indescifrable
de su autoría sobrada,
la fe de los que lo buscan,
ofrendas de clavel grana,
un Triunfo Eucarístico
como pocos lo pintaran.
¡La mejilla más bonita
de policromía velada!
Es la iconografía
del Cautivo, más lograda
que cruza en todas las calles
de la católica España.
¡Y aún así muchos se empeñan
cómo si te hiciera falta!
Como si acaso no fuese
patente que está ganada
la persona que se acerque
y se postre ante tus plantas.
Si la Cuaresma la abres
que Cuaresma nace para
cuando un viernes de marzo
se te besa y se te aclama
como el más seguro alivio
que en este feudo se halla.
Deja que sea Favores
a quien mentes catedráticas
aseguren por su ego
quién es Señor de Granada;
que con esos casi tres
siglos a tus espaldas,
trinitaria Majestad,
Oh sacratísima Talla,
“espejo de la humildad”,
Cordero de Amor en llamas,
(el Cautivo más galante)
Sagrario de nuestras almas,
pilar de los desvaríos,
portal de las alabanzas,
piropo de cristiandad,
crisol de todas las gracias...
...Sé Señor, sólo de aquellos
que te buscan y te hallan,
de los que te necesitan,
de tu Hermandad, de esta Casa,
y que le digan a otros
-“Sóis el Señor de Granada”
y Tú protege a los tuyos
que eso a Ti, ¡no te hace falta!
El tiempo y la devoción terminan por hacer grandes a las Cofradías. Sólo hace falta que se geste en torno a Obras de fe y de arte del peso descomunal de este nazareno en su cautiverio, viejo Icono de aquel de Orán que la Orden de la Santísima Trinidad popularizó hasta los tuétanos de este “viejo cuerpo de España”. El tiempo y la devoción... ¿Cuántos hermanos habrán dejado su piel en la Cofradía, sin esperar otra cosa a cambio que la delicia de ver cómo aumenta la catarata de fe hacia su Cristo? Y así, germinan los frutos. Primero este, luego el estético.
La hermandad se pone en la calle con el sabor de lo castizo, de lo heredado, lo amasado a base de no confiar nada a las prisas y esperar de su puesta en escena que se convierta en toda una catequesis plástica de lo bien hecho a mayor y mejor gloria del que preside el cortejo.
Las viejas y aristócratas calles, que vieron a los Herrasti, los Palafox, los Teba y los Cortinas por su entramado de calles a lo decimonónico, se tiñen de la escarlata y carmesí, del dorado viejo de cíngulos y el elegante sabor de los tramos nazarenos que lo anteceden. Un teatro sacro que trae a escena, a la escena de la caoba y de la plata, de la madera policromada y los bordados de oro, a la escena de su paso, el mejor y más sagrado actor que el pueblo ha identificado ya como suyo.
Unos, a la espera de verlo enmarcado en la deliciosa conjunción de luces y de sombras que ideara Alonso Cano, lo sueña con la túnica morada de cola que le otorga el sabor clásico de mayor granadinismo. Otros lo esperan sorteado de “castillos”, defendido por “leones”, que es como decir que todo el peso devoto y cristianísimo de lo español lo lleva Él a sus plantas. Y muchos, lo esperan así:
No son tantos los misterios
de la túnica fantástica
con bordados orientales
que la “persa” apellidaran,
que en torno a Ti, Padre Nuestro,
sólo un misterio no encaja
y es saber si tu hermosura
(que no por mucho mirarla
va a dejarnos de doler)
es una belleza humana
o es que a propósito fuiste
el modelo de tu Talla.
Por eso no es tal misterio,
si acaso, tiene importancia
para aquellos que procuran
que la historia quede clara.
Dicen que esa, la “persa”,
esa túnica escarlata
de un púrpura descolorido,
de un morado del que marchan
los tonos vivos, brillantes
(que a tu lado todo cambia
y el único que no lo hace
fiel, siempre fiel a Granada
eres Tú, “Dios de madera”),
esa túnica bordada,
le sirvió de inspiración
al que todo esto inventara,
el prioste Juan Manuel,
el del caracol, la caña,
la hojilla, las vestimentas,
“camaronero” de malla.
El genio Ojeda que vio
en esa túnica causa
para vestir asimismo
al otro Dios que tallaran
para mandar la ciudad
de las gentes sevillanas.
Los datos son muchos, muchos
y la historia se dilata.
Sólo sé que esa túnica
“persa”, elegante, ajada,
exquisita, formidable,
no la necesitaras
y aún así, a ciencia cierta,
Ojeda mismo bordara
para el cuerpo macilento,
en vaivén por su zancada
del Señor del Gran Poder.
Pero como todo cambia,
en vez de cubrir la gloria
que en el cedro ideara
Juan de Mesa y Velasco,
de Valencia te llegara.
Y el tisú de fantasía
que para Dios se pensara,
en vez de ir con el Dios
de devoción sevillana,
acabó sobre otro cuerpo,
pero de idéntica gracia,
de iconografía distinta,
de otra escuela, de otras pautas.
Mas como debía ser
para Dios, a Dios tapara.
¡Y lleva décadas sobre
el mismo Dios de Granada!
Huella de lo cotidiano y exigido por la memoria colectiva de esta Granada cofradiera nuestra, ha sido el acompañamiento musical del Señor. Confieso que sólo a golpe de escuchar y hacerme más que amigo de tantos músicos de la Estrella, he concedido los beneplácitos de lo musical al estilo de las Agrupaciones. Mas sigo considerando que el estoico sonido militar de las cornetas, nunca podrán dejar de acariciar los oídos de los andaluces, porque significan toda la historia de los géneros, desde sus inicios. Nunca olvidaré ese 75 Aniversario, cuando el “festín blanco” de los “Césares” de la música de Granada, los de Jesús Despojado, pusieron sintonía de pasión y de honor a un octubre que terminó convirtiéndose en fiesta de amor a un Cristo que ha hurtado todo en el gusto de lo bien hecho.
Mas su cuadrilla ha sabido adaptarse a cuanto le han exigido. Siempre gusté ver la salida de la Hermandad, porque para ver a tan Portentosa Imagen, hay que hacerlo con la mayor cantidad de luz posible, para que nos hiera su belleza, nos contagie su apresto y nos golpee sus gestos. Sólo en este Cristo entendí las palabras de la Santa Misa: “Cordero de Dios”. Debería la Biblia incluir en todas sus ediciones, cerca de los pasajes donde el Bautista anuncia la llegada del Mesías, la foto del Señor del Rescate. Sería la mejor manera de que vieran aquellos que les cuesta.
Sí; la mejor de las cargas que ninguno antes pudiera llevar. Da igual que con la Agrupación o el clasicismo de la corneta. Incluso en silencio. La mejor carga que nunca antes tuvierais. Privilegio que se guarda para aquellos que no irán disfrutando de su sobrecogedora presencia y lo sienten tan cerca. Propongo que si, alguna vez otra comunidad cristiana quiere combatir los lemas de los autobuses ateos, economicen texto y palabrería. ¡Con lo fácil que sería colocar una foto de Él! y debajo, justo debajo, decir: ¿Qué Dios no existe? Pues artista, lo estás viendo ahora mismo.
Luís Oriol toma el martillo.
La madera “se prepara”.
Los palos son como un yugo
de amor y de fe. ¡De casta!
El uno al otro... Se miran.
(Son cómplices las miradas)
Luís bien conoce a su gente
y sabe cómo trabajan
y tiene la mano amiga
de su compadre Lasala.
Ya son las seis de la tarde.
La Magdalena se calla.
Ni los ángeles del piso
superior de la fachada
quieren perderse el momento.
Y el sol, por supuesto, aguarda
como bendito saludo
que entra por la portada.
Debajo los corazones
se aceleran y disparan
y se ahogan emociones
con templanza veterana,
en la pequeña bodega
tan costalera y gallarda.
A los golpes del martillo
hasta el cielo se levanta
la caoba, las capillas,
los faroles, las guirnaldas,
el templete, maniguetas,
los faldones y la plata.
Y de frente ya con Él.
Poco a poco. Cristo avanza
sobre la alfombra gloriosa
de la costalera audacia.
Cuadrado entre los pilares
del dintel, lo ve Granada.
Ya asoman los biselados
de sus potencias, su cara,
sus manos... Ya está pisando
Cristo de nuevo Granada.
De Alcalá se hace el sonido:
los compases de la marcha
de todos y cada uno
de los hijos de España.
Elegante y comedido
el paso, firme, se alarga.
Y al sonido musical
del cofrade pentagrama
la cuadrilla del Señor
se compenetra, acompasa
y sin perder la armonía
y la estudiada elegancia,
parece que Dios camina.
Y se aplaude y se le canta.
Y en silencio y bendecidos
por la gloria de la carga
del peso de Jesucristo,
esa cuadrilla trabaja
definida con acierto
con sólo cuatro palabras:
“categoría, compostura
equilibrio y elegancia”
a las órdenes precisas
de Luís Oriol y Lasala.
Siempre he pensado que el cofrade no puede ser espectador atónito y simplón de la sociedad que lo envuelve. Es absolutamente desolador que seamos capaces de movilizar la ingente masa de espectadores, o sacar hacia delante proyectos de solvente envergadura, y permanezcamos impasivos ante atrocidades que cada día nos golpean sin provocar hematoma alguno en la dormida conciencia del que nada procura sino la tranquilidad. Este pregonero no escribe versos a un Cristo como el que nos ocupa, porque es demasiado fácil, es sumamente deleitante componer a tanta hermosura, tanta inspiración, tanta espiritualidad.
Y por eso el pregonero dedica ahora este texto a ellas. Lo hace y quiere dejárselo a Lola Peregrina, porque en el pozo de anhelos de sus dos ojos oscuros, hay toda una norma escrita de lo que debe ser la vida. Y cada vez que sus pequeñas manos van a dar con el suelo del Campo del Príncipe, el mundo es más humano. Son las anécdotas de algo extraordinario; tanto como descubrir una mañana que Álvaro Barea acuna en sus brazos de hermano a Candela, con dos cauces de alegría primeriza deshechos en una niña como la que deshizo ya, hasta con su mismísimo nombre, a Migue Alcalá y a Mari Carmen Sánchez.
Para cuando Esperanza Guadalupe se vea en el espejo de la belleza de “Aquella” que le ha prestado su nombre; para cuando Lola pregunte por la torería de un costal con el que su padre lleva a cuestas al Cristo de los Favores; para cuando Candela oiga de los labios de su abuelo un pregón de 1994 que aún suena por los muros de San Jerónimo, la vida habrá hecho su papel y el aliento cálido llegará a los que tenemos la suerte de disfrutarlas.
Somos más; eso nos hace fuertes; Carmen Oriol un día tomará la mano de su padre y le pedirá que le explique cómo se las apañaban los granadinos 20 años atrás para sacar pasos a la calle. Por eso, por Lola, por Candela, por Esperanza, por Carmen, los cofrades no podemos silenciarnos y ser presa de un mutismo cómplice y vergonzoso. Por ellas, por las niñas de los míos, y por los que nunca verán la cara de Dios en el Mundo.
-Papá, yo tengo una duda.
-Dime, ¿qué es lo que te pasa?
-Si ni mami, ni el abuelo,
ni la abuela, ni la tata,
y si tampoco tú y yo
y ninguno de esta casa
tenemos la piel del tono
del que la tiene Juana,
¿por qué la peque es así?
¿Por qué es distinta mi hermana?
-Tu hermana tiene la piel
como la arena dorada
y sus ojitos se estrechan,
se pierden en sus pestañas,
porque la parió tu madre
sin en el vientre llevarla
y antes de que ya naciera
ya sabía dónde estaba.
Fue la cosa más bonita
que nunca antes gozara.
La pusieron en mis brazos
y ya su sangre llevaba
por dentro de mi organismo,
mientras triste me miraba
con dos ojos a la vida
y a la vida el ganaba
la partida y la pelea
la pequeña de tu hermana.
Pero hijo, todos los días
perdemos una batalla.
Mujeres que son mujeres
sin necesidad que paran
porque son madres de niños
que de la vida se escapan,
se quedan todos los días
sin cunas y con mortajas
porque otra mujer es “libre”
y así lo grita y lo aclama
a los vientos miserables
del aborto y la falacia.
Tu madre te tuvo a ti
y no era mujer colmada
hasta el día que sin parir
fue la madre de tu hermana.
Tu hermana se la robamos
a una maldición que espanta.
La sacamos de los brazos
de la muerte y la guadaña.
Pasa en China y en Europa
del Este. y en nuestra España.
Caravanas de la muerte
que venden manos manchadas.
Hoy ser “libre” cuesta poco.
La vida, no cuesta nada.
Ho y la madurez se esgrime
sólo en derechos. Y basta.
Hoy el juego de los niños
lo ahogan “progres” palabras.
Un bebé cuesta lo mismo
que el quirófano que mata
triturando los anhelos
de tantas parejas. ¡Tantas!
Hoy se alquilan las conciencias;
la moralidad se aplasta
y el aborto es la licencia
de una “libertad” que mata,
que para ser asesino
“libertad” no me hace falta.
Yo prefiero estar contigo.
Soñar con vuestro mañana.
-Papá, te quiero. –Yo a ti.
¿Vamos a ver a tu hermana?
Como empezara la voz de este pregonero, acordándose de cuanto lo ha vinculado a este Cristo. Que Él siempre ha sido memoria viva de cada uno de mis Lunes Santo. Que Él ocupa plaza de veneración, capilla donde se tejen las peticiones de los granadinos, y se cosen con los besos del primer viernes de marzo y ya quedan para siempre en la memoria. Como cuando mi abuela, me cogía de su mano sabia y me llevaba a besarle el pie al Medinaceli de mi infancia.
¡Tantas cosas donde Tú Señor has sido testigo de mis actos! Tu iconografía es la misma que la de ese Cautivo del Perdón que cruza las calles de un Motril donde buena parte de los Jiménez lo siguen vestidos de nazareno, con los ojos puestos en la delicada hermosura que tallara Sánchez Mesa, vecino tuyo y que nunca ocultó que se inspiraba en Ti para sus piezas.
O las palabras de mi hermano Antonio Sutil, que nunca ha cejado de declamarme la glosa de la fe que lo inspira allí en Jaén: “Gloria a Ti, Santísima Trinidad y a los cautivos libertad”. Esa misma frase, es la que lleva en los labios Santiago Bueno. Y en él, cofrade de altura en todo sentido, se ejemplifica y se extracta mi honda conexión con el que desde siempre ha acudido en lugar de privilegio a mi cabeza, el Señor del Rescate:
Como quiera que en Él se une su pasado trinitario, que originara su culto, y lo agustino porque de sus 291 años de existencia, lleva 172 en este Templo de las Hijas de San Agustín, algo parecido viene a pasarle al pregonero. Y a Santi Bueno; el Cristo de San Agustín, nace a la par que otro Crucifijo de inmensa tradición: el Santo Cristo de las Gotas de Burgos, también de Burgos. Traído desde Italia por el mismísimo fundador Trinitario San Juan de Mata, no se sabe si este inspira al conocido Cristo agustino de Burgos, o al contrario, pero lo cierto es que ambos han extendido la ciudad del Cid por todo el orbe católico.
Y Tú, Cristo fuerte, preciosísimo simulacro del cautiverio, comparte, como yo a través de mi fe a mi Crucifijo, una dualidad sostenida en dos Órdenes que han buscado siempre la mayor Gloria tuya y de tu Iglesia.
Hoy he postrado ante tus plantas la mejor ofrenda que sé hacer, que pude traer, que siempre seguiré poniendo para tu sacro interés. Soy un pregonero feliz, porque he visto las maravillas que Dios Padre ha hecho en uno de nosotros, un hombre también; de acuerdo que es un hombre con la mejilla amoratada más bonita del mundo, con las manos más expresivas que haya, con el gesto de humildad, de deferencia, de entrega, y de sumisión mayor. Y hoy, después de tantas coincidencias, después de que llevas años jalonando mi vida de experiencias y de jirones de memoria a través de Ti, el pregonero acaba el curso lento de su voz ajada diciéndote:
Trinitario o agustino.
De la Magdalena, en Gracia;
escapulario en tu pecho,
leones sobre tus faldas,
nimbo se sabor antiguo,
una melena estañada.
Manos que en el diccionario
debieran tener entrada
para explicar castellano
diciendo qué es la elegancia.
Paso escueto y armonioso
de unos pies a donde marchan
los manojos de suspiros
que son besos que se lanzan
desde hace casi tres siglos
y que buscan la esperanza
en ellos, pues sólo Él,
como puede, puede darla.
Trinitario o agustino,
que dos Órdenes se afanan
en escrutar lo sublime
de tu sublime mirada.
Tu mirada, (me olvidaba)
porque miras de verdad;
y mirándote se halla,
una paz que tanto sabe
de la clausura eclesial.
Y tu cara y sus misterios
en forma de bofetada.
Una violácea huella,
una herida purpurada,
una maldita blasfemia,
una ignominiosa mancha
en medio de tu mejilla
se ha convertido en plegaria.
¡Qué jamás golpe como ese
tendrá tan teológica carga
que tu bello cardenal
sobre tu dermis sagrada!
Trinitario o agustino,
eres flamígera llama
que consume en devociones
a quien llega hasta esta Casa.
A quien te procura ver
sobre tus caobas andas;
a quien busca en tus perfiles
ahogar sus miedos y cargas;
a quien se perdió y procura
asirse a Ti, que eres ancla,
que eres timón que gobierna
y vence las marejadas,
que eres aún siendo en madera
el consuelo, amparo y gracia,
que eres el Alfa y Omega.
Dios de condición humana,
que el Padre, que tanto quiere
a esta ciudad de la Alhambra
valiéndose de don Diego,
un Mora más de la saga,
¡te bajó del mismo Cielo
para gloria de Granada!
HE DICHO
Me scribere Muriel anno Dei MMIX




